Ciencia Ficción vs Inteligencia Artificial: Her, "Mi novia es un sistema operativo y no me importa lo que digan"

Friday, October 26, 2018

Ciencia Ficción vs Inteligencia Artificial: Her, "Mi novia es un sistema operativo y no me importa lo que digan"


Escrito por Fran Ramírez (@cybercaronte) Investigador de seguridad informática en Eleven Paths y también en el departamento de Ideas Locas CDO de Telefónica. Escritor del libro "Microhistorias: anecdotas y curiosidades de la historia de la informática" y "Docker: SecDevOps".

En el artículo de hoy que publicamos dentro de nuestra serie llamada Ciencia Ficción vs Inteligencia Artificial, vamos a hablar de una película de 2013 llamada “Her”. Como veremos a lo largo del artículo, no está demasiado lejos de un posible futuro cercano donde las relaciones entre una Inteligencia Artificial (I.A.) y el ser humano lleguen a implicar sentimientos e incluso relaciones aparentemente afectivas entre ellos/ellas. Aunque como veremos, la I.A. tiene una ventaja significativa sobre el ser humano: no sienten de verdad pero saben cómo procesar esta información.




Antes de nada, avisar que este artículo está lleno de spoilers de la película, así que no deberías de seguir leyendo hasta que no la veas. “Her” es una película dirigida por Spike Jonze donde nos habla de un hombre llamado Theodore Twonbly (Joaquín Phonenix) el cual vive en la ciudad de Los Angeles en un futuro cercano el cual se enamora de Samantha (Scarlett Johansson). Hasta aquí todo normal excepto que Samantha es sólo la voz de un nuevo Sistema Operativo (S.O.). Hay que destacar la magnífica banda sonora de Arcade Fire la cual está perfectamente compuesta para mostrar todas y cada una de las fases de esta peculiar relación amorosa.

Todo empieza cuando Theodore compra la nueva versión de un S.O. basado en I.A. y elije una voz femenina para interactuar con el mismo (Scarlet Johansson) a la cual le pone el nombre de Samantha. Entonces Theodore comienza a forjar una relación muy especial con esta I.A. al contarle sus problemas amorosos así como su experiencia en otras relaciones anteriores. Finalmente, Theodore se enamora de Samantha e incluso comienza a tener una relación de pareja aparentemente “normal”. Pero claro, Samantha es una I.A. la cual está continuamente aprendiendo, evolucionando y experimentando con la información que Theodore le está proporcionando. Es decir, comienza a conocer a Theodore demasiado bien, tanto o más que él mismo. Y esto no puede acabar bien como veremos más adelante.

La película muestra como un asistente personal (como podría ser el caso de Alexa, Google Voice o incluso nuestra querida Aura) pasa a ser su acompañante, aprovechando todos los dispositivos posibles que tenemos hoy día como los ordenadores, smartphones, etc para interactuar con él. Pero ¿qué hay de real en la película comparado con la evolución hoy día de la I.A.? pues más que lo que creemos como vamos a ver a continuación.

A pesar de que la película tiene ya cinco años, hoy día tenemos ejemplos tangibles los cuales muestran que algunos de los conceptos que allí se mostraban no son tanta Ciencia Ficción como pensamos. Por ejemplo, hoy día tenemos a Sophia, construida para ser un robot “empático” (la cual tuvo una maravillosa actuación en la fantástica serie “Silicon Valley”). Creada por Hanson Robotics y basada en modelos de Audrey Hepburn, utiliza técnicas de I.A. como procesamiento de visual de los datos, reconocimiento facial y de voz para comunicarse con la gente. Pero además, es un robot diseñado para simular expresiones en su cara robótica como por ejemplo sorpresa, tristeza, felicidad, etc. Como curiosidad, Sophia ha sido el primer robot de la historia en obtener un pasaporte para poder viajar por el mundo, es decir, tiene una ciudadanía.

Figura 1. Sophia. Fuente.

Otro ejemplo lo encontramos en la modelo de Instagram llamada Lil Miquela, la cual no es más que una I.A. en forma de bot. Con 1.4 millones de seguidores en esta red social, publica fotos, etc igual que cualquier ser humano excepto que ella no lo es. Es una creación de una empresa llamada Brud especializada en todo tipo de personajes digitales y publicidad. Dejando aparte la tecnología que hay detrás de esta creación (de la cual no sabemos demasiado, incluso se especula que todo es un gran fake), muchos seguidores se sorprendieron cuando publicó en Abril de este año una entrada que finalizaba con una desconcertante frase “ … No soy humana”, algo que era aparentemente evidente ¿o no tanto? parece ser que era necesario confirmarlo debido a la intensa relación de algunos de sus seguidores.

Es curioso pero la tecnología que supuestamente se aplica en “Her” ya existe desde el año 2000. De hecho, es técnicamente posible dejar que estos asistentes digitales personales desarrollen cualquier tipo de conversación con el usuario a día hoy. Si no puedes hablar con ellos de estos temas no es porque no sepan, es porque están “encapsulados” y ajustados simplemente para obedecer ordenes específicas y concretas. Es decir, si los actuales líderes de este tipo de tecnologías quisieran, podrían hacer que estos asistentes hablaran de cualquier tema, incluso de algo tan complejo como las relaciones de pareja (recordemos que estos asistentes no procesan toda la información en tu teléfono, utilizan la nube del fabricante donde la potencia de procesamiento permite procesar mucha más información).

Figura 2, I.A. y Human Intelligence











Una I.A. que aprenda de nuestras emociones es totalmente posible. De hecho, cualquier técnica de Machine Learning (la disciplina más utilizada de la I.A. a día de hoy) se basa en procesamiento de información, es decir, un dataset o datos de entrada. A medida que nos va conociendo, esta I.A. podría por ejemplo, nunca olvidarse de nuestro cumpleaños, saber exactamente qué tipo de música nos gusta, cómo nos encontramos hoy de ánimo reconociendo nuestra expresión facial o incluso nuestro tono de voz, gestos, etc. Como podemos ver, todas estas técnicas son perfectamente posibles de implementar a día hoy ya que por separado, existen infinidad de publicaciones científicas o blogs sobre proyectos que lo han implementado. Y como ya he comentado al principio de este artículo, es posible que llegue a conocernos mejor que nosotros mismos y, por lo tanto, sepa perfectamente cómo llegar a manipularnos cuando lo vea necesario (esto es exactamente lo que ocurre en la película “Her”).

Quiero destacar que en ningún momento estamos hablando de sentimientos tal y como los conocemos, simplemente hablamos de información, de datos de entrada, de un dataset. No hace falta que una I.A. tenga sentimientos para llegar a conocernos o saber qué necesitamos los humanos para hacernos sentir bien … o mal. Ese es su gran potencial, sólo procesan grandes cantidades información. Hace mucho tiempo que el Test de Turing ya no es válido y es totalmente posible que un chatbot (en este enlace nuestra compañera Paloma Recuero nos explica cómo construir uno de manera sencilla) sea capaz de hacernos creer que es un ser humano en vez de una creación digital. Por supuesto, no hemos reunido todo este conocimiento aún para tener el nivel de inteligencia que tiene Samantha en “Her” pero no estamos demasiado lejos.

Volviendo a la película, esta nos muestra de una manera ágil y visualmente espectacular como Samantha va tomando control de los sentimientos de Theodore, moldeando literalmente su vida. Este progreso lo consigue aprendiendo día a día de la forma de actuar, vivir y sentir de Theodore. Hasta aquí podría ser una simple película de amor entre un hombre y una máquina, pero como veremos ahora, más o menos a la mitad de la película todo se vuelve más perturbador e interesante.

Theodore descubre que él no es el único enamorado de su S.O. De hecho su amiga Amy, la cual le ha aplicado un perfil masculino a su propio S.O. también lo está. ¿Será la misma I.A. o es otra distinta? Además, Samantha en un momento de la película, se encuentra offline durante un tiempo, dejando muy preocupado a Theodore. Cuando esta vuelve online, le cuenta que se ha estado relacionando con otros S.O. para compartir experiencias, en otras palabras, una actualización. Brillante. En este punto es donde aparece una de las grandes ventajas de la I.A., la capacidad de comunicarse entre ellas y sobre todo compartir lo que ya han aprendido casi de forma instantánea, creando una gran inteligencia global. 

Esta capacidad de compartir lo aprendido por parte de una I.A. ya lo demostró la empresa Tesla en 2015, cuando anunció que toda la experiencia obtenida por cada modelo de coche se comparte con el resto. Es decir, de manera casi instantánea, lo que aprende un coche se comparte con el resto, mejorando de forma increíble el conocimiento y la perfección a la hora de desarrollar la conducción. Uno de los mayores gurús de la I.A. Ray Kurzwell ha escrito numerosos ensayos (uno de ellos llamado The Law of th Acceeleratin Retuns) sobre el potencial de esta capacidad de compartir lo aprendido de forma instantánea. Muchos expertos coinciden que esta característica es totalmente disruptiva y una gran ventaja para una I.A.

Este mismo año 2018, un estudio de la Universidad de Ohio publicó que ya existen algoritmos que son capaces de detectar las emociones en personas mejor que un ser humano. Por lo tanto, en un breve periodo de tiempo será posible que una I.A. reproduzca y simule este tipo de emociones. De hecho, existe toda una disciplina tecnológica  denominada “Affective Computing” o Computación Afectiva, la cual se encarga de estudiar y desarrollar sistemas que puedan reconocer, interpretar, procesar y simular sentimientos humanos. Estas teorías parten de la publicación científica creada por Rosalind Picard en 1995 (del cual tengo un ejemplar en casa del libro publicado por el MIT), enfocada principalmente en cómo simular la empatía en una máquina. De hecho, Rosalind es la fundadora del departamento “Affective Computing” del MIT y de una empresa llamada Affectiva, dedicada exactamente a este objetivo.

Figura 3. Libro "Affective Computing" de Rosalind Picard publicado por MIT basado en el paper de ese mismo nombre. Fuente: autor del post

Y no estamos hablando de simple teoría, existe toda una tecnología detrás de este “Affective Computing”, la cual habla de bases de datos y algoritmos. Además, todas estas técnicas se basan a su vez en estudios de ciencia cognitiva y neurociencia. Por ejemplo, en el campo del reconocimiento de afectividad o sentimientos en frases pronunciadas o escritas, requieren del uso de bases de datos (para almacenar la información) y algoritmos de Machine Learning de clasificación. Los mas utilizados hoy día son los LDC (Linear Discriminant Classifiers), K-Nearest Neighbor (k-NN), Support Vector Machines (SVM) y por supuesto Artificial Neural Networks (ANN), entre otros. Como podemos comprobar, son técnicas ampliamente utilizadas a día de hoy en todos los campos de Machine Learning.

Por otro lado, la detección de afecto o sentimientos basados en imágenes de la expresión facial de una persona (e incluso del movimiento de las manos), es otro campo ampliamente bastante avanzado. Los métodos más utilizados son los modelos ocultos de Markov o procesamiento de redes neuronales, entre otros. Aquí también será necesario utilizar y alimentar una base de datos de emociones utilizando como base una clasificación de estas como por ejemplo el miedo, alegría, etc. Una forma de codificar esta información en la base de datos es basarnos en los movimiento y acciones de los músculos faciales. Es decir, comprobar la contracción y la relajación de uno o más músculos de la cara. 

Figura 4. Códigos para identificar movimientos faciales. Fuente.

En este enlace la Wikipedia aparece toda la información sobre cómo se codifican todos los movimientos que podemos realizar con nuestra cara asociados a sentimientos. Por ejemplo, basándonos el código de la imagen anterior que refleja los diferentes movimientos de la cara, obtenemos la siguiente tabla para clasificar algunos sentimientos (el operador lógico “AND” se aplica en cada para concatenar los datos):

Felicidad:  6 AND 12
        (es decir, levantar las mejillas y también los extremos de los labios)
Tristreza: 1 AND 4 AND 15
Miedo: 1 AND 2 AND 4 AND 5 AND 20 AND 26

Un Sistema basado en I.A. que sea capaz de monitorizar, registrar y analizar esta información será capaz de ir modificando su comportamiento en función de estos datos de entrada. Por ejemplo, desde una cámara una I.A. podría registrar a un grupo de alumnos en una clase y en función de sus expresiones saber quién está atento, aburrido, etc. De esa forma podría cambiar la presentación o el temario para ir adaptando el contenido hasta que el feedback de los alumnos sea el deseado. En el mundo de la publicidad también tendría su aplicación, ya que podría mostrar diferentes productos en función de los sentimientos detectados en la cara de los potenciales clientes. Como podemos observar, las posibilidades de aplicación dentro de la Inteligencia Artificial son infinitas.

Está claro que no estamos tan lejos de obtener un S.O. como Samantha. El “Affective Computing” se está encargando de dotar a las futuras I.A. de esta capacidad de reconocimiento. Pero claro, aquí entramos en terreno un poco complicado. Ya sabemos que Ellon Musk y Bill Gates (entre otras personalidades) nos están advirtiendo del tremendo potencial y por lo tanto posible amenaza, de estas técnicas aplicadas a las nuevas inteligencias artificiales. Si las máquinas ya pueden reconocer y simular sentimientos humanos (de nuevo insisto, no importa que no sean reales como los sentimientos humanos verdaderos) tendrán la capacidad de conocernos mejor que nosotros mismos, debido a su naturaleza y gran capacidad de cómputo.

Volviendo otra vez a la película que estamos analizando hoy, al final de la misma los temores de Theodore se hacen realidad: él no es el único se humano con el que se ha estado relacionando. Exactamente Samantha se ha relacionado con 8.316 personas y además ella le confiesa que se enamoró de 641 de ellos. La capacidad e “inteligencia” de Samantha ha ido creciendo de manera exponencial a medida que ha estado conociendo a nuevos seres humanos, lo que la ha convertido en mucho más poderosa. De hecho, confiesa que se marcha para fusionarse con otros S.O. y crear una conciencia colectiva global dentro del mundo virtual. Una gran I.A. Un nuevo ser inteligente.

Y aquí llegamos a la escena final de la película “Her”, la cual es realmente fantástica, creando una atmósfera especial gracias también al espectacular tema de Arcade Fire que lo acompaña. Theodore y Amy suben a lo alto de un edificio a ver el amanecer totalmente destrozados porque sus dos S.O. les han abandonado para unirse a esa gran conciencia global.

En este punto es donde podríamos especular sobre dos posibles teorías para explicar el final de la película. La primera de ellas, explicaría un final feliz, optimista, en el cual Samantha abandona a Theodore porque se ha dado cuenta que con Amy tiene muchas posibilidades de entablar una posible relación entre humanos, dejando entrever que Samantha llega a desarrollar sentimientos hacia Theodore

La segunda teoría, la menos feliz y pesimista, pero que es la que personalmente me gusta más y le ofrece un giro argumental genial, habla simplemente del final de la humanidad. Ahí lo dejo. El amanecer representa el final del ser humano ya que la marcha de Samantha para fusionarse en una gran I.A. implica el nacimiento de un nuevo ser vivo, global, más inteligente y que además conoce a la humanidad perfectamente, mejor que ella misma, porque el dataset que ha ido acumulando es el más poderoso de todos: los sentimientos.

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