Inteligencia Artificial: una tecnología “muy humana”

Thursday, September 6, 2018

Inteligencia Artificial: una tecnología “muy humana”

¿Qué nos hace humanos? No resulta fácil definir qué es lo que nos hace humanos. Podemos intentar abordar la cuestión desde un punto de vista estrictamente científico, enfocarlo desde el campo de la Filosofía, o bien elegir alguna otra estrategia intermedia. Todas ellas nos llevarán a plantearnos cuestiones como estas: ¿es el lenguaje lo que nos hace humanos?, ¿nuestra dimensión espiritual?, ¿capacidad creativa?, ¿habilidades cognitivas? ¿sociales?

Lo que está claro es que los humanos somos seres sociales, con todo lo que esto implica en cuanto a lenguaje, colaboración, transmisión de cultura/conocimiento, empatía etc; y tenemos un cerebro que, gracias a su extraordinaria plasticidad, nos ha permitido extender nuestras capacidades cognitivas mucho más allá de nuestras neuronas y desarrollar una cultura y una tecnología gracias a las cuales hemos conseguido adaptarnos para sobrevivir a todo tipo de cambios en nuestro entorno, hasta el punto de llegar a ser incluso capaces de modificarlo. ¡Quien les iba a decir a aquellos homo Sapiens que hace 300.000 años luchaban por sobrevivir en la sabana africana que llegarían a ser capaces de poblar prácticamente todo el planeta, desplazarse rápidamente por tierra, mar y aire;  multiplicar su esperanza de vida;  crear prótesis artificiales para sustituir órganos; enviar misiones a la luna o a otros planetas, o crear sistemas basados en inteligencia artificial que nos convierten en algo así como “superhumanos”.

Figura 1: Superhéroe.
Figura 1: Superhéroe.

 ¿Superhumanos? 

Tiene gracia hablar de “Superhumanos”, porque lo cierto es que desde un punto de vista biológico no somos ninguna maravilla. No somos especialmente fuertes, ni especialmente rápidos, no tenemos “vista de águila”, ni somos especialmente resistentes… Sin embargo, nuestra inteligencia, y nuestras habilidades sociales nos han permitido desarrollar tecnologías para eliminar barreras, para superar nuestras limitaciones biológicas. Así comenzamos domesticando animales que nos permitían ser “más fuertes y resistentes”, desplazarnos más rápido, “ser más veloces”; después fuimos capaces incluso de “volar” con vehículos creados por nosotros mismos, de crear máquinas que nos permitían producir más alimentos, máquinas capaces de trabajar en condiciones que los humanos no seríamos capaces de resistir…

Una vez superadas las limitaciones físicas, hemos dado un paso más allá. Las tecnologías actuales, nos han permitido conectar nuestro ámbito físico con el espacio digital a través de Internet (sí, Internet de las Cosas), y ofrecernos una versión mejorada de nuestros órganos sensoriales por medio de un gran número de sofisticados, ubicuos y hoy día ya asequibles dispositivos que nos ofrecen una valiosa información sobre nuestro entorno.

Por último, y tras las barreras físicas y sensoriales, ¿Por qué no las cognitivas? Para superar estas últimas, han sido necesarios avances en distintos frentes. Por una parte, la más tangible, el desarrollo del transistor, los circuitos integrados y dispositivos de almacenamiento de datos, nos han permitido disponer hardware necesario, a un coste asequible. El abaratamiento y disponibilidad del hardware adecuado ha permitido el desarrollo de las tecnologías Big Data, como Hadoop, que permiten capturar, almacenar y procesar de forma eficiente grandes volúmenes de información. Y son estas tecnologías las que han hecho posible la actual “Edad de Oro” de la Inteligencia Artificial, que  no es algo nuevo (en realidad surgió en los años 50 del siglo pasado), pero ha experimento un desarrollo espectacular en los últimos años gracias, entre otros aceleradores, a estas últimas.

La idea fundamental en que se basa la Inteligencia Artificial es en conseguir que una computadora resuelva un problema complejo como lo haría un humano. Así, al igual que ya en el Neolítico los humanos empezaron a domesticar animales y aprendieron sacar partido de su fortaleza y su resistencia para cultivar sus campos de forma más eficiente, hoy día usamos la Inteligencia Artificial en tantos campos de la actividad humana, que a veces ni siquiera somos conscientes de ello. Porque es fácil identificarla en los robots que se usan en la industria pesada, o en los coches autónomos, pero la IA también se usa para diagnosticar enfermedades, para organizar las rotaciones de personal o las asignaciones de camas en un hospital, para tomar decisiones y realizar operaciones bursátiles a gran velocidad, para dar soporte a los usuarios a través de asistentes virtuales, para optimizar la ayuda de emergencia que llega a las poblaciones desplazadas por catástrofes naturales, para descubrir exoplanetas, para controlar epidemias, para mejorar el rendimiento deportivo, para detectar tendencias y “sentimiento” en redes sociales, ofrecer ofertas personalizadas, precios dinámicos, realizar mantenimientos preventivos de todo tipo, optimizar consumos, traducir de forma automática a cualquier idioma… La lista es interminable, pero lo importante es las tecnologías basadas en Inteligencia Artificial nos permiten realizar prácticamente cualquier tarea de forma mucho más eficiente a como lo haríamos con nuestros (limitadas) capacidades humanas. Es algo así como si la Inteligencia Artificial nos diera superpoderes.

Superar nuestras limitaciones biológicas y cognitivas ¿ Superpoderes?

A casi todo el mundo le gustan los superhéroes, personajes de ficción capaces de superar a los héroes clásicos gracias a sus poderes sobrehumanos. Muchos de ellos surgieron a finales de los años 1930 en la industria del comic estadounidense, y fueron posteriormente adaptados a otros medios, especialmente el cine. El personaje de Superman, creado por el escritor estadounidense Jerry Siegel y el artista canadiense Joe Shuster en 1933 fue uno de los primeros.

Recordemos un poco su historia para situarnos. Superman nació en el planeta Krypton. Poco antes de la destrucción de su planeta, cuando aún era un niño, sus padres lo enviaron en una nave espacial a la Tierra para salvarle. Allí lo encontraron los Kent, una pareja de granjeros de Smallville, en Kansas, y lo criaron con el nombre de Clark Kent, transmitiéndole un estricto código moral. Pronto, el joven Kent empieza a descubrir sus habilidades superhumanas, esos superpoderes, que al llegar a su madurez decidiría usar en beneficio de la humanidad.

¿Y cuáles son los superpoderes de Superman? Aunque fueron cambiando con los años, los que más o menos todos recordamos son su gran velocidad (“más rápido que una bala”), su superfuerza (“más poderoso que una locomotora”), su supervisión (“Rayos X, infrarrojos…”), y sobre todo, su capacidad de volar. La imagen de Superman sobrevolando la ciudad con su capa roja ondeando al viento, forma ya parte del imaginario colectivo de los que vieron la película a finales de los 70.

Figura 2: Comic de Superman.
Figura 2: Comic de Superman.

¿Por qué nos gustan los superhéroes?

Lo que más nos gusta son, precisamente, sus superpoderes, su capacidad para hacer cosas inaccesibles al resto de los mortales. También, por supuesto, el aura mítica que les otorga su vocación por “hacer el bien”, trabajar por el bien de la humanidad. Y si lo pensamos bien, eso es precisamente lo que nos permite hacer la Inteligencia Artificial. Nos permite superar nuestras limitaciones humanas, y, sí, nos otorga “superpoderes”. Por nuestra parte, si tenemos un elevado sentido ético como Superman, elegiremos usarlos para hacer el bien. Pero también podríamos, por el contrario, usarlos exclusivamente en nuestro propio beneficio, aun a costa de perjudicar a los demás y sumarnos a la larga lista de “Supervillanos”. Por ello, es tan importante definir un código ético y un marco regulatorio para el uso de la IA.

La IA nos da “superpoderes”, nos convierte en Superhéroes

Así, gracias a la IA, podemos, como Superman, “ser más rápidos que una bala” (¡mucho más!) haciendo cálculos, atendiendo a nuestros clientes a cualquier hora con un bot, o analizando un enorme volumen de datos para detectar, por ejemplo, anomalías. También podemos presumir de “supervisión” y procesar a gran velocidad un gran número de imágenes para identificar un rostro, o identificar en una prueba médica un posible tumor. Y volar… es también una experiencia que puede ser mejorada gracias a la IA. Desde el uso de pilotos automáticos que toman todo tipo de datos del vuelo para optimizar los parámetros, hasta sistemas que optimicen los cálculos de trayectorias en espacios aéreos muy saturados, previsiones de consumo de combustible, modelos predicción de condiciones meteorológicas adversas etc

¿Qué no puede hacer la IA?

Los superpoderes, sin el superhéroe que decida en cada momento qué hacer, cuál y cómo utilizarlo, no tienen sentido. En realidad, no dejan de ser herramientas que los humanos hechos creado para hacernos la vida más fácil. Puede que sean tan sofisticadas y potentes que a veces olvidemos que, en el fondo, sin una inteligencia humana que decida con qué objetivo las quiere utilizar, que conozca sus limitaciones (que también las tienen), que sea capaz de ver si tiene sentido un resultado, no tienen sentido.

Así, una aplicación basada en IA puede realizar una traducción de un texto a otro idioma, pero no puede comprenderlo. No puede leer entre líneas. Puede calcular el número de veces que aparecen determinadas palabras que considere positivas o negativas y así asignarle un “sentimiento”, pero no puede comprender el sentido profundo de las palabras, o las emociones reales que encierren.

Otro ejemplo. Una de las técnicas de Deep Learning más utilizadas para el reconocimiento de imágenes (visión por ordenador) son las redes neuronales convolucionales CNNs. Estos sistemas clasifican los objetos que aparecen en una imagen basándose en la detección de patrones que coincidan con los aprendidos en un proceso de entrenamiento previo con un gran número de imágenes etiquetadas. Hasta aquí, muy bien. Los algoritmos de esta IA buscarán el patrón que mejor encaje con la imagen en cuestión y ofrecerá un resultado. Pero esta IA no es capaz de darse cuenta si el resultado que ofrece tiene sentido o no. Cualquier humano detectaría de forma inmediata el conocido error de Google, que etiquetó una imagen de una pareja afroamericana como “gorilas”. La IA dio su mejor resultado, según los aprendido a partir de sus datos de entrenamiento. Pero es aquí donde entran en juego las “limitaciones” de la IA que hemos mencionado anteriormente. ¿Son adecuados esos datos o existe algún sesgo? En este ejemplo, existía un claro sesgo racial. Al no disponer de suficientes imágenes de personas de raza negra en los datos de entrenamiento, el algoritmo no era capaz de dar un resultado adecuado.

Conclusión:

Como conclusión, la Inteligencia Artificial es una de las herramientas más poderosas que ha creado el ser humano, porque se puede aplicar a casi cualquier campo de la actividad humana. Como otros avances anteriores de la Ciencia y Tecnología humanas, nos permite ir más allá de los límites de nuestra biología, y por ello, nos convierte, por qué no, un  poco en Superhéroes. Pero la Inteligencia Artificial es una herramienta creada por el hombre y para el hombre.

Sin una inteligencia humana que defina su objetivo, elija cuál es el “superpoder” más adecuado para cada situación, conozca sus limitaciones, defina las condiciones de contorno, descarte los resultados “exactos” pero absurdos… no tiene ningún sentido.

Y, por otra parte, hay una parte de la naturaleza humana que nunca podrá ser “optimizada” por la IA. En nuestra dimensión social, la parte emocional, la empatía, la creatividad… Un robot “de compañía” te puede recordar que te tomes la medicación, pero no te puede transmitir nada con una caricia, no puede regalarte una sonrisa, ni tener esa idea loca y original que resuelva el problema o al menos desate una carcajada.



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