Administraciones “data-driven” sí, pero ¿son fiables los datos?

Friday, September 28, 2018

Administraciones “data-driven” sí, pero ¿son fiables los datos?

Cuando hablamos de datos administrativos, tendemos a pensar en datos fiables per se, sin cuestionar casi nunca de qué manera las distintas Administraciones los han recogido o de qué forma han sido interpretados. Una de las principales características que tienen estos datos es que se utilizan para la toma de decisiones. Y es precisamente por este rasgo de su naturaleza por lo que deberíamos ser mucho más escrupulosos al tratar este tipo de cifras. Pero ¿son los Gobiernos siempre tan cuidadosos?


 Figura 1. Varios países basan sus estadísticas de migración en estructuras de datos 

En Reino Unido, tras añadir en 2012 una pregunta nueva en la encuesta en la que se basa su tasa de inmigración, surgieron dudas acerca de la fiabilidad de las estadísticas que se manejaban hasta entonces en el país. Parecía posible que la cifra global de inmigración neta incluyera decenas de miles de personas más en el recuento, lo que obligó a la Oficina Nacional de Estadística del Reino Unido (ONS) a replantearse su estrategia de datos.

Pero ¿qué disparó las alarmas? El cambio de 2012 añadió una pregunta en la que se recogía la razón original por la que los extranjeros que abandonaban el Reino Unido habían decidido ir al país en primera instancia. Esto permitió que la ONS extrajera datos más precisos, pero las nuevas cifras enseguida llamaron la atención, ya que sugerían que el número de estudiantes internacionales que dejaban el país era mucho menor que el de los estudiantes que habían llegado. Esta brecha implicaba que unas 100.000 personas estaban permaneciendo en el país cuando concluía su visa de estudiante, pero resultó que este número tampoco coincidía con otras fuentes. Lo que sí ocurrió es que se acometieron algunos cambios en las normas para la obtención de estos visados.

En 2016, cuando debido al tiempo transcurrido ya no se podía hablar de anomalías, la ONS comenzó una investigación. Este informe se basaba en la información que las autoridades de inmigración recopilan cuando los viajeros dejan el país y revelaba que no había un número significante de estudiantes que se quedaban más allá de su visa. La nueva pregunta resultó no ser tan fiable y la ONS concluyó que el número de estudiantes de más finalmente se ponderaba con los números de otros grupos que no se estaban contabilizando bien.

En todo caso, el descubrimiento de estos problemas con el registro de los estudiantes internacionales propició que la ONS impulsara su ambicioso proyecto de transformación de estadísticas migratorias, el cual pretende cruzar diversos datos administrativos para apoyar la veracidad de las estadísticas de migración, como datos fiscales, sanitarios y del ministerio del interior, y sustituir así la encuesta anterior.

No es la primera vez que un Gobierno decide enfocar sus esfuerzos en el rendimiento idóneo de sus datos y este enfoque se ha utilizado también en otros países. Por ejemplo, el organismo oficial de estadística de Canadá basa sus cifras de inmigración principalmente en microdatos compilados por el departamento nacional de inmigración. Sin embargo, la obtención del dato de emigración es mucho más compleja: para obtenerlo, se basan en diferentes datos administrativos como, por ejemplo, si una familia ha dejado de solicitar el subsidio familiar o si ha dejado de enviar su declaración de la renta, asumiendo entonces que esa familia ha abandonado el país.

Aunque suena muy bien, esta combinación de fuentes también tiene su dificultad: por ejemplo, la información fiscal de los autónomos puede tardar meses en estar disponible y es también muy común que una sola persona esté asociada a varios expedientes diferentes o incluso a ninguno.

En Australia han podido evitar muchas de estas dificultades gracias a la amplia información que recogen ya en la misma frontera. Cada vez que alguien entra o sale del país, se genera un expediente y todos los movimientos de un mismo individuo se asocian con un mismo número identificador. Así, no basan sus cifras en encuestas, estimaciones o información sobre visados o similar. En su lugar, solo cuentan el número de días que cada persona ha estado dentro o fuera del país y lo consideran inmigrante una vez que su estancia supera un tiempo determinado.

Con todo, este sistema no es posible en todos los países, ya que a su vez existen políticas migratorias más amplias, como podría ser la de la Unión Europea, que dificultaría la recogida minuciosa de estos datos.

Al final, los datos administrativos tienen un claro potencial, pero es necesario extremar la cautela a la hora de manipularlos. Aunque suene muy sencillo, no lo es tanto: teniendo en cuenta la experiencia de varios países, obtener un recuento fidedigno es un gran reto técnico, solo comparable con la dificultad de decidir qué es exactamente un “inmigrante”.



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